miércoles, 19 de agosto de 2015

34.- Por las alpujarras de la Rioja III De Zenzano a Santa Marina, Ribalmaguillo y Reinares



Iglesia de Ribalmaguillo

Hoy nos toca volver a las alpujarras. Ya pasada la canícula hace calor pero ya no tanto y se puede caminar algo. Esta vez vamos a acceder por la pista de Zenzano hasta Santa Marina para seguir a Ribalmaguillo donde en una ocasion anterior nos pasamos el camino de entrada y luego volver atrás para bajar hasta Reinares.
Tomamos la pista de Zenzano en la carretera entre Ribafrecha y Ventas Blancas. Han arreglado un poco el camino y ahora la conducción es más cómoda que antes , por lo menos han echado grava y allanado el piso que estaba asurcado por las lluvias.

¿Hace un trago?
 Tras un rato de ascensión llegamos a Cenzano y hacemos la primera parada. Aquí no hay bar, tan solo una barra en el exterior que se debe utilizar por fiestas así que hoy prescindimos del café. Unos traguicos de agua de la fuente y suficiente. En el pueblo viven solo cuatro vecinos de los que solamente hemos visto a uno. Hay casas arregladas, y en las puertas un bando. Se recomienda no abusar del consumo de agua y no utilizarla para otros menesteres que los domésticos, pues se sube con camiones y cuesta bastante dinero.






Zenzano

 




La Monjía
Seguimos camino adelante hacia Santa Marina, en un tramo el camino se vuelve descarnado y sigue por la cumbrera. Abajo, a un lado Treguajantes, al otro desviandonos del camino la ermita de San Juan de Agriones donde se juntaban de todos los pueblos de alrededor el día de la romería. Hoy tan solo cuatro medias paredes delatan su presencia. Más adelante pasaremos por encíma de La Monjía y por su dehesa para acceder a Ribalmaguillo.






Ribalmaguillo
Tras llegar nos damos cuenta de porqué no pudimos acceder desde La Santa. Simplemente el camino solo existía..... en el mapa. Llegamos al pueblo donde tan solo una casa tiene aspecto de estar habitada, pero quizá no lo sea de froma permanente. Al fondo, apartada, lo que fue la iglesia, una torre sin campanas, ni fieles a los que convocar. Ribalmaguillo queda en un alto al borde de la unión de dos barrancos. Siguiendo hacia abajo llegaríamos a Oliván. Seguro que aquí corre bien el aire que un día serviría para aventar los granos. En el fondo hay algo de vegetación, supongo que correrá algún hilillo de agua que servirá para dar caudal al río Jubera. 


La vida en estos lugares no tuvo que ser nada fácil, terreno montuoso,  pelado, pedregoso, ahora en las laderas de umbría crecen los pinos de repoblación plantados hace 50 años para evitar la erosión del terreno.


 
Peña Isasa desde Ribalmaguillo





Después dimos vuelta atrás , pasamos por Santa Marina recordando a los burros que lamían la sal de la carretera en las nevadas y llegamos al punto de partida de nuestro siguiente destino.






Antes cumplimos con el rito, ya que no hemos tomado el cafelito y como por aquí no hay sitios para comer salvo lo que te traigas tú, al lado de una choza nos metemos pal coleto un bocadillo y una cervecita que en ocasión como esta haría honor el más refinado de los obispos. 
Junto al desvío a El Collado sale a su izquierda un camino amplio que va descendiendo. Poco a poco la vegetación es más tupida y la hierba más verde. Incluso aparece alguna seta. Estamos en una umbría y bajamos hasta el río. Seguimos el camino y nos damos cuenta de que vamos ascendiendo de nuevo lo que no es lógico, por lo que damos marcha atrás hasta unas huellas profundas que acaban en el río. Al otro lado se adivina un sendero que seguimos río abajo. La vegetación es más abundante y fresca aunque el arroyo baja seco.


Reinares



A la vuelta de un recodo aparece la torre de Reinares y al poco el puente medieval al que mi compañero saca fotos, yo he mirado en la mochila y no llevo la cámara, me la he dejado en el coche.

Puente de Reinares
Torre de Reinares
  Trepamos un poquito por las sendas que hace el ganado y llegamos al pie de la torre de la iglesia. Ahí sigue airosa, descampanada y desafíando el tiempo, En uno de los arcos se nota la caída de alguna dovela y da la impresión de que se está ensanchando el la parte superior. Aquí el agua, el viento y los hielos son inmisericordes con la piedra. Sentado, me quedo un rato observando mientras mi compañero da una vuelta para hacer las fotos.


Viendo esta torre siento una sensación de tristura inmensa, de estar en otro lugar, de infinito vacío. ¿cómo vivirían aquí hace tan solo cincuenta o sesenta años? Tan solo caminos de herradura les comunicaban con las aldeas más próximas a través de montes y barrancos. Ni siquiera llega aquí la señal de telefonía, 

 


 Tan solo cuatro o seis casas asentadas sobre la roca viva sin cimientos, de las que tan solo quedan en pie algunas paredes.






 Volvemosa cruzar el puente y regresamos ahora cuesta arriba, siento la fatiga de mis kilos y de mis años. Paro, me recupero, ando, me paro y sigo. A media ascensión vemos el pueblo abajo, solitario, hundido y seguimos ascendiendo, en 10 minutos estamos en el coche y volvemos a casa.

Hasta la Próxima

Salú pa tós.