domingo, 5 de abril de 2015

19.- Donde pastaban los dinosaurios. Garranzo y el Villar


El Villar
Garranzo

En esta ocasión vamos a visitar el resto de  aldeas de Enciso que quedan a la otra orilla del río. Tres quedan en el camino a Cornago y la cuarta Garranzo en el antiguo camino a San Pedro Manrique.
En esta orilla del río Cidacos es donde están la mayoría de las icnitas de esta zona.
Los tres primeros lugares están habitados, quedan al lado de la carretera, y a ellos acuden gentes a veranear, Garranzo está deshabitado. Bueno, por lo que vimos, nos dio la impresión de que una de las casas se ocupa temporalmente.

En 1842, Poyales se separa del Ayuntamiento de Enciso y forma municipio propio, incluyendo en él las aldeas de Garranzo, Navalsaz y el Villar, las cuatro aldeas situadas al otro lado del río. Hasta el año 1976  en el que la despoblación de estos lugares llevó de vuelta la administración al ayuntamiento de Enciso.

En primer lugar aprovechando que lleva días sin llover y el camino parece estar seco para subir hasta
Garranzo. Los otros tres pueblos están al lado del sendero GR-93 que sube desde Enciso por el barranco de la fuente de Abajo

 Garranzo

Restos de la iglesia
Dicen de Garranzo que sus habitantes lo abandonaron debido a la aparición de una plaga de termitas.
Ha mejorado el tiempo, se ha secado la pista y decido arriesgarme. El camino arranca nada más pasar el puente hacia la derecha. No hay indicación alguna. Sube por la ladera de un vallejón pelado durante unos dos kilometros hasta unos yacimientos de icnitas que quedan a nuestra derecha. A nuestra izquierda tomando otro sendero nos quedará el antiguo tejar donde se cocían ladrillos y tejas.Aquí el camino baja un poco dejándo al lado las ruinas de unos corrales y y en cosa de poco más de un Km aparece el poblado sobre una ladera. La pista sigue rriba hasta internarse en el monte ya abuundante en carrascas y encinas. Dejo el coche en una pequeña explanada junto a una curva y me pongo a caminar.

Entrada al pueblo



 El camino , apenas un sendero de vacas, tiene el suelo empedrado, lo cual me confirma que por aquí se entraba al pueblo. Y matizo se entraba porque es casi imposible entrar. Las zarzas y un derrumbe de un muro cortan el camino.







El pueblo, recostado en la ladera muestra tejados hundidos y a modo de muralla paredes sin tejado que sustentar, vigas caídas  e incluso el interior de las casas. Bordeo un poco y paso el tramo complicado pero veo lo mismo en las posibles calles. Siguiendo una especie de senda que trepa los muretes o poyos por zona ya derruídas y cruzando unos prados con encinas localizo lo que queda de la iglesia entre la vegetación.








Las bellotas encontraron hueco para germinar junto a las paredes y ahora el campanario se hace hueco entre las copas de los árboles.







Caminando por los prados y las eras de la parte de arriba consigo acceder un poco por la parte trasera a alguna calle del pueblo.





El barro y algún "regalo" de las vacas aconsejan andar con precaución. Aquí ya solo queda ruina y abandono pero no total.











 Siguiendo una especie de carretil ancho lleno de hierba veo lo que parecen paredes restauradas y una especie de huerto o jardín donde quedan restos de cultivo y alguna planta de jardín. Y unas cortinas en la puerta. Deduzco que si se observan restos de rodadas es que hasta aquí entran coches y que esto sale a una pista y decido seguirlo.




Entre vacas indolentes, casi totalmente ajenas a mi presencia y pequeños terneros asustadizos llego a la pista y veo el coche abajo. Me parece mentira la diferencia de altura. Un poco más abajo una fuente con un caño mitiga mi sed y regreso al coche. A la vuelta familias con niños se dirigen a un mirador y Enciso se ve pequeño ahí abajo.

Dicen que a Garranzo se lo comieron las termitas.

Dicen que a  Garranzo lo deshabitó una invasión de termitas pero a Garranzo lo deshabitó el aislamiento, la lejanía, los crudos inviernos, el futuro indefinido para sus gentes...... el progreso del valle atrajo a sus habitantes y estos fueron bajando lentamente a unas ciudades que les prometían una vida mejor.



 Por si quieren saber más
 Garranzo (Faustino Calderón)
Garranzo (Youtube)
Garranzo (Paca Sapena)
Iglesia de San Pedro de Garranzo (Diego Marraco)
Garranzo, un pueblo abandonado (You tube)
Ermita de San Antonio de Garranzo (Diego Marraco)


El Villar

A tres kilometros de Enciso, en la carretera que lleva a Cornago  se encuentra  El Villar en la confluencia de dos barrancos, el de San Sebastián que trae sus aguas desde el Hayedo Grande y el barranco de la Fuente que las trae desde Navalsaz. 





Al otro lado de la carretera uno de los más hermosos lavaderos que he visto de tal modo que en un principio me pareció una ermita.











A la entrada del pueblo entablamos conversación con un vecino que  insistió que viéramos y donde estaba esta especie de estación de Via Crucis.
 Buscando un poco por ahí he encontrado esto.
Procesión de San Sebastián (RiojArchivo.com)





Volvimos al pueblo por la parte de arriba donde estaban los pajares y la eras.









Y bajamos poco a poco por lo que suponemos la calle principal encontrando hermosos rincones.





Y a mitad de la calle la iglesia que luce encima un "hermoso" campanario añadido que destaca precisamente por su contraste con el resto del edificio.





El Villar de Poyales (Paca Sapena)


Y después de callejear nos dirigimos hacia Poyales

Hasta pronto
Salú pa tós

18.- Por donde pastaban los dinosaurios Enciso y las Ruedas de Enciso

Enciso



Hoy hemos pensado ir a la Rioja Baja. Siguiendo el río Cidacos aguas arriba de Peroblasco se encuentra Enciso. Una comarca, antigua propiedad de los duques de Medinaceli, donde en el siglo XVIII  pastaban miles de ovejas que permitieron la creación de un emporio industrial basado en el tejido de la lana y donde hace unos 200 millones de años, casi nada, pasearon por aquí unos animales llamados dinosaurios que dejaron sus huellas marcadas en la roca. Una villa que sobrevive, y siete aldeas  unas despobladas y otras con escasos habitantes que se resisten a desaparecer.


Restos del castillo de Enciso


Enciso se recuesta en una ladera, mirando al sureste, en la margen izquierda del Cidacos. Tiene dos iglesias, un castillo y dos puentes. Y una calle real que la recorre de punta a punta. Cuestas empinadas nos llevan hasta la iglesia y las ruinas de un castillo que vivió mejores tiempos y del que apenas alguna pared altiva nos saluda. Dicen que fueron los moros quienes lo construyeron.







Situado a medio camino entre Arnedillo y Yanguas, controla con su puente el paso hacia Cornago, y el antiguo camino hacia San Pedro Manrique ambos en el valle del Linares. Por otro lado es punto clave en el acceso a la meseta desde el valle del Ebro.  Pero el negocio de la lana empezó a decaer con el inicio de la industrialización y el trazado de vías férreas. Las industrias se trasladaron a Arnedo y a la capital. En verano vienen los turistas pero el invierno es otra cosa. Cuando se acortan los días y llega el frío la gente se recoge antes y sale menos.
Enciso tenía fama por sus tejidos y por sus mantas. Telares y molinos, batanes y tintes daban ocupación a sus gentes. Los molinos pararon sus ruedas y los telares se fueron al llano junto al camino de hierro. Y muchas de sus gentes tras ellos.




Enciso




Las Ruedas de Enciso


Un día decidimos acercarnos hasta las Ruedas de Enciso. Pensábamos que subiendo por la parte de arriba podríamos llegar en coche. Varias piedras de tamaño considerable tras una valla nos lo impidieron. Alternativa si queríamos verlo, ir a pie, unos dos kilometros y medio y la vuelta. La alternativa no era mala pero hacía calor, era ya mediodía pero así lo hicimos y mereció la pena. El lugar había sido expropiado  y de un día para otro los pocos vecinos que había tuvieron que salir de ahí.





Al cabo de media hora de andar, y de parar a observar las choperas y el agua vimos el pueblo a la vuelta de un recodo de la carretera.










La primera casa que encontramos fue esta. Nos dio la impresión que en su día ejerció de bar o sitio de reunión habitual de los vecinos. Una postal en la puerta, parecía que eso ya no cabía en el equipaje y ahí quedó.









Iglesia de los remedios Las Ruedas de Enciso
Una cosa nos parecía extraña. La torre o el campanario de la iglesia es una delas últimas cosas que desaparece en un pueblo. Y no la veíamos por ningún lado. Más tarde nos enteraríamos que para facilitar el paso de los camiones de la obra  del embalse, simple y llanamente la hicieron desaparecer desde los cimientos. Como dice la Biblia no dejaron piedra sobre piedra.




Nos dirigimos calle abajo hasta el río.la única calle del lugar. Silencio. Solo el aíre que meneaba las choperas y el zumbido de unas abejas. Ni vacas ni cencerros. Solo nuestras voces y nuestros pasos buscando rincones.
Tejados caídos, puertas rotas. La maleza todavía no se ha adueñado de la calle, pero pronto lo hará hasta que derriben las casas. Alguna aparecía muy bien cuidada, con la fachada encalada de obra reciente.







 Bajamos hasta el río donde parecía me habían puesto a propósito una chopa llena de setas. Almuerzo a la vista. Todavía quedaba alguna vereda al lado del río pero ya la maleza se hacía notar y dimos media vuelta.




Al lado de la puerta quedó el puchero, y el porrón en la ventana ofreciéndonos su último trago. Y la silla en medio de la plazuela para que descansáramos a la fresca . Y nosotros volvimos por la calle arriba.





Las Ruedas de Enciso (Forocoches)

 Pueblos deshabitados, las Ruedas de Enciso (Faustino Calderón)

Las ruedas de Enciso (raimon)

pueblos abandonados (pueblo social)

Hasta la próxima :
Salú pa tós.